3. ¿QUÉ ENFERMEDADES SE ASOCIAN CON
MÁS FRECUENCIA A LA OBESIDAD MÓRBIDA?
La obesidad es un grave problema de salud pública por su asociación con enfermedades crónicas. Estas se encuentran presentes en el 83% de los casos y pueden agruparse en los siguientes apartados:
Problemas de tipo psicosocial en la vida diaria:
Es muy frecuente la discriminación a la hora de encontrar empleo y dificultades de relación con el resto de las personas.
Frecuente rechazo a la propia imagen corporal que se acompaña de ansiedad y depresión, lo que conlleva una vida apartada y llena de complejos.
Animación:
Enfermedades de riesgo cardiovascular:
Elevación del colesterol y/o triglicéridos, hipertensión arterial, diabetes, insuficiencia respiratoria. Por lo tanto condicionan, un mayor riesgo de padecer accidentes cerebrovasculares, insuficiencias cardiacas congestivas y problemas coronarios.
Según el British Medical Journal (1997;315:912-917): "El control del peso debe ser un objetivo tan importante como la regulación de la HTA". La Sociedad Americana del Corazón ha incluido la obesidad entre los factores de riesgo mayores de padecer infarto miocárdico (Circulation 1998). Según el New England Journal of Medicine (1998;338): "El exceso de peso aumenta el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en los pacientes obesos entre los 30 y 74 años".
Tumores: Principalmente de útero, mama, colon y vejiga, entre otros.
Insuficiencia venosa crónica: varices, úlceras.
Mayor frecuencia de muerte súbita inexplicable que en la población no obesa, especialmente en los obesos menores de 40 años (N Engl J Med 1998;338:1-7).
Síndrome de Apnea del Sueño (SAOS): Estos pacientes presentan una mayor somnolencia diurna, con deterioro de las funciones intelectuales y un mayor estado de irritabilidad emocional. Por la noche tienen fuertes ronquidos así como pausas respiratorias prolongadas que ponen en riesgo su vida.
Procesos degenerativos osteoarticulares (artrosis, artritis) a nivel lumbar y en las extremidades, que les ocasionan mayor inmovilidad.
Daño hepático: Por acumulo de grasa.
Trastornos hormonales: Mayor frecuencia de infertilidad, alteraciones menstruales, hirsutismo...
Todas estas
razones
llevan a plantearnos
un tratamiento
resolutivo
y eficaz de la enfermedad.
Después de
todo lo expuesto, en la actualidad existen suficientes trabajos que
demuestran la ineficacia de los tratamientos conservadores no
quirúrgicos para perder y conservar el peso perdido. En 1991, el
Instituto Nacional de la Salud en Estados Unidos definió como
muy positivos los resultados de las técnicas quirúrgicas,
y concluyó que los resultados y beneficios de estas
técnicas superaban el riesgo intrínseco de la
intervención.
Casi todos los
estudios publicados sobre los efectos de las dietas, la actividad
física y las terapias de comportamiento y farmacológicas,
refieren una pérdida media inferior a los 15 kilos cuando el
estudio concluyó. Además, recientemente se ha descrito el
fenómeno "yo-yo" en estos enfermos que consiste
en que tras cada intento de pérdida de peso hay una posterior
ganancia de peso incluso superior a la que se había perdido.
Para resumir en una idea todo lo hasta aquí expuesto se puede decir que:
La obesidad mórbida genera un gran número de procesos que conducen al paciente a un deterioro progresivo y una muerte prematura. Es por lo tanto, clínica y éticamente válido introducir a un determinado individuo en un protocolo quirúrgico siempre y cuando los resultados de una técnica específica hayan demostrado ser efectivos y concluyentes.
El gran gasto sanitario que deriva de la comorbilidad asociada hace recomendable, por eficaz, una intervención quirúrgica precoz del obeso mórbido.